domingo, 23 de mayo de 2010

Mi peregrinación a "Assisi"

Lo que voy a contar no es muy divertido, pero me hizo pensar y me gustaría compartir lo  que sucedió. Ocurrió después de una visita a la ciudad de Assisi, en Italia. No soy muy religioso ni mucho menos católico, pero la historia de algunos santos y religiones me atraen mucho. Así que, estando en Italia, me propuse ir a visitar Assisi e intentar comprender un poco de la vida de "San Francesco di Assisi". La época tampoco era la mejor, pues era invierno en el hemisferio norte. Hizo frío y llovió durante casi todo el fin de semana en el cual pude programar mi viaje.

La estación de trenes de Assisi está fuera de la parte histórica de la ciudad y un poco lejos de todos los puntos turísticos relacionados a la vida de San Francisco, pero existe una iglesia, la de Santa Maria degli Angeli, muy grande, que fue construida sobre una capilla donde San Francisco y sus "hermanos" franciscanos utilizaban como retiro espiritual. (Necesito confirmar bien esta historia). Eso me ha dejado muy triste, pues toda la espiritualidad y simplicidad de los franciscanos está actualmente escondida dentro, casi bajo, de esta majestosa iglesia católica. Mi plan fue conocer la ciudad histórica, incluyendo las iglesias de San Francesco y Santa Chiara, dos ermitas fuera de la ciudad, una a aproximadamente sólo un quilómetro del centro histórico y otra a aproximadamente cuatro (trayecto que hice caminando bajo lluvia, frío, hambre, soledad y cansado por una subida interminable), y finalmente pasar por la iglesia cerca de la estación antes de tomar el tren hacia Roma.

A la puerta de Santa Maria degli Angeli estaba un indigente pidiendo limosnas. Quería uno o dos euros de cualquier manera. Yo no le quería dar ni siquiera un euro y así que no me detuve. Seguí caminando hacia la estación diciéndole, siempre que él volvía a insistir, que no le podía dar nada. La verdad es que nunca sé si dar limosnas. Cuando me piden siempre tengo dudas si dar o no, mas pasada la situación concluyo que lo mejor es no dar. Lo que pasa es que en la primera ocasión semejante las dudas siempre me vuelven a incomodar. En este día en particular yo tenía un pan en el bolsillo da la chamarra (chaqueta), que me habían dado porque, por coincidencia, era el día de Santo Antonio di Padova, un seguidor de la doctrina franciscana y el santo protector de los animales. Estaban distribuyendo pequeños panes bendecidos enfrente a una iglesia y lo tomé, un poco por superstición, un poco por precaución, en caso de que el hambre me apretase. Sin embargo, se me olvidó completamente de este trozo de pan en el bolsillo cuando el indigente dijo que tenía hambre y que pasaba por necesidades.


Este hombre me siguió por unos cien metros siempre insistiendo que quería unas monedas que a mi no harían falta y empezó a tocarme al lado de un modo raro, pero yo nunca me detuve. Finalmente el individuo, aparentemente, se cansó y empezó a regresar por el camino que habíamos hecho, pero inmediatamente después me di cuenta de que me faltaba algo: la cámara fotográfica! La había dejado dentro del mismo bolsillo de la chamarra donde había dejado el pan, pero ahora se encontraba sólo este. Era una cámara no muy nueva, no muy cara y sin mucho valor sentimental, así que no era tan importante recuperarla, pero en aquél momento ella tenía cosas muy valiosas para mi: todas las fotos del fin de semana en Assisi!

Regresé inmediatamente en dirección a la puerta de la iglesia pensando que ya no encontraría nadie, pero ahí estaba el indigente pidiendo un cigarrillo a un joven que fumaba por allí. Primer hecho increíble: El indigente no se había ido. Cuando le vi fui inmediatamente en su dirección preguntando enojado: "Donde está mi máquina fotográfica?", al que el me contestó: "Que máquina?". Seguimos un buen rato en esta discusión hasta que resolví pedir ayuda al joven que seguía por allí fumando. Le pregunté si era de Assisi y se podría ayudarme llamando a la policía pues yo quería confirmar con la ayuda de los guardias que aquel hombre tenía mi cámara. El joven empezó a insistir con el indigente que me regresase la cámara y me preguntó si yo estaba seguro de que él la había tomado. Esta fue la primera y única vez en que pensé que a lo mejor yo había perdido la cámara antes que el indigente me la pudiese haber robado. Pero algo me decía que la cámara estaba con él y seguí insistiendo en que me la retornase. Según hecho increíble: El indigente me la devolvió.

Tal vez con un poco de miedo de la policía el hombre empezó a preguntarme de donde era. Le expliqué que era brasileño y que vivía en Nápoles estudiando. Él me pareció muy espantado con las dos cosas: que yo era brasileño y que era estudiante en Nápoles: "Eres de verdad brasileño? Blanco así? Y de verdad que eres estudiante en "Napule"???" Hasta le expliqué que en Brasil hay una gran variedad de etnias. Después de este pequeño diálogo en que le hablé con igualdad él me pidió que le acompañase. No sé cómo, pero sin miedo le seguí por unos 10 metros hasta un basurero de donde él sacó una bolsa de cuyo interior salió mi cámara! No me pasó por la cabeza en aquel momento verificar cuantas cámaras y otras cosas más estarían dentro de la bolsa. Solamente tomé mi cámara, avisé al joven, que seguía fumando cigarrillos, que la había recuperado, dejando este con una cara de espanto total, y seguí directo a la estación diciendo al indigente que esperaba que él estuviese contento...